|
I
Congreso Nacional sobre Prevención y Tratamiento del Tabaquismo
Recomendaciones
para una política efectiva de control del tabaquismo
El
pasado mes de marzo, el Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo,
celebró en Sevilla el I Congreso Nacional sobre Prevención y Tratamiento
del Tabaquismo. Más de 500 profesionales se dieron cita en un
encuentro dirigido a revisar las políticas actuales en la materia.
Nos hacemos eco de las recomendaciones nacidas de los debates
que tuvieron lugar.
Recomendaciones
del Comité
Es fundamental mejorar el tratamiento del tabaquismo en nuestro
país, y también la adopción de políticas preventivas de forma
amplia. Para ello, el Comité recomienda:
Respecto
al tratamiento:
| |
 |
Hay
que facilitar a los fumadores dejar de fumar por sí mismos,
pero también hay que ofrecer ayuda a los fumadores con mayor
grado de adicción. El Sistema Nacional de Salud debe asumir
el abordaje de este problema, que causa muchas de las enfermedades
y muertes prematuras que finalmente debe atender y evitar.
Para ello es preciso ampliar los recursos especializados,
e incluir el coste de tratamiento farmacológico de probada
eficacia (terapia sustitutiva de la nicotina, bupropion)
entre las prestaciones del sistema.
|
Respecto
a las políticas de prevención:
| |
 |
Las
políticas de prevención con mayor impacto potencial sobre
el consumo de tabaco son las fiscales, las de regulación
de la promoción y publicidad de tabaco, y las de espacios
sin humo.
|
| |
 |
El
Comité recomienda incrementar la fiscalidad sobre el tabaco,
en la línea de la reciente propuesta de la Comisión Europea.
Recomienda también modificar los impuestos que lo gravan para
aumentar el componente lineal, basado en un importe fijo por
cada cigarrillo. Los actuales impuestos se basan en un porcentaje
del precio, y facilitan la persistencia de marcas de tabaco
muy baratas. |
| |
 |
El
Comité recomienda también la adopción de normas estrictas
reguladoras de la publicidad y la promoción del tabaco. Estas
normas tienen como objetivo proteger a los adolescentes, hacia
los que se dirige la promoción del tabaco. Actualmente en
nuestro país apenas empieza a fumar nadie una vez alcanzada
la mayoría de edad. La experiencia de los países que han regulado
rigurosamente lapublicidad es que disminuye el consumo global
de tabaco, y especialmente entre los menores. Es intolerable
que la normativa española sobre publicidad de tabaco sea la
más permisiva de Europa, y además que se aplique con escaso
rigor. |
| |
 |
El
Comité recomienda la revisión de las normas sobre espacios
libres de humo, ampliándolos y definiendo formas para garantizar
su cumplimiento efectivo. El humo ambiental de tabaco causa
daño a quienes lo respiran, aunque no sean fumadores, de modo
que su regulación es un imperativo social. Pese a los progresos
realizados en los medios de transporte y los centros sanitarios,
los titulares de diversos establecimientos (especialmente
en estaciones de transporte, y centros educativos, deportivos
y comerciales) permiten que las normas vigentes se incumplan
ampliamente, ante la pasividad de la administración responsable
de velar por su cumplimiento. |
Declaración
acerca de las demandas a la industria
Finalmente,
ante el eco de una reciente sentencia judicial, el anuncio del
Gobierno de Andalucía sobre una reclamación a la industria tabaquera
solicitando la compensación por los mayores costes que la asistencia
a los enfermos por causa del tabaco causa, el Comité quiere expresar
su posición.
Sobre
las reclamaciones individuales: comprendemos las demandas de reparación
planteadas por las víctimas del tabaco ante una industria que
vende un producto que mata a la mitad de sus usuarios, pese a
las dificultades de plantear el tema en los tribunales.
Sobre
la reclamación del Gobierno de Andalucía y otras reclamaciones
colectivas:
| |
 |
El
precio del tabaco, contrariamente al de otros productos,
no incluye la mayoría de sus costes: incluye apenas los
de su manufactura y comercialización, pero no los ingentes
costes sociales, cubiertos por los fumadores y la sociedad.
Mientras que otras industrias asumen los costes sociales
de su actividad, y deben repercutirlos en los precios (por
ejemplo, al evitar las emisiones de contaminantes), la industria
tabaquera se beneficia de trasladar el grueso de sus costes
sociales (enfermedad, invalidez, sufrimientos y muerte)
a los fumadores y sus familias, y al conjunto de la sociedad
que financia los servicios públicos que palian estos costes.
|
| |
 |
La
consecuencia principal de eludir los costes reales del tabaco,
es que la industria puede ofrecer un producto muy barato y
asequible, lo que favorece su amplio uso. Está bien demostrado
que los incrementos de precio del tabaco se traducen en un
menor consumo y en menos inicios por los adolescentes. Un
producto con un precio más acorde son sus costes totales (y
no sólo los de su manufactura y distribución) sería mucho
más caro, y tendría un consumo muy inferior. |
| |
 |
Contrariamente
a lo que afirma, la industria tabaquera no contribuye a las
arcas públicas más que con el Impuesto de Sociedades, y en
los mismos términos que otras empresas que no fundan su negocio
en un producto dañino. Es una falacia argumentar que la industria
contribuye con el impuesto especial sobre el tabaco: este
lo sufraga el consumidor, y la industria es un mero recaudador
(como sucede con otros impuestos indirectos como el IVA). |
www.cnpt.es
  
|