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Leonardo Mantilla. Psiquiatra colombiano especialista en Habilidades para la Vida y asesor de la OPS en materia de Escuelas Promotoras de Salud.

“LAS AGENCIAS INTERNACIONALES DE DESARROLLO APUESTAN POR UN ENFOQUE EDUCATIVO CENTRADO EN HABILIDADES PARA LA VIDA”

El próximo mes de junio, Leonardo Mantilla visitará España, invitado por EDEX, para dinamizar en Madrid un Seminario sobre Habilidades para la Vida. Funcionario y consultor del Ministerio de Salud durante varios años, participó en la difusión y la validación en Colombia del modelo de Habilidades para la Vida. Desde 1996 se involucra en el desarrollo de Escuelas Promotoras de Salud en su país, así como en actividades de esta Estrategia coordinadas por la Organización Panamericana de la Salud.


¿Qué es una Escuela Promotora de la Salud?

Uno de los sellos distintivos de la estrategia de Escuelas Promotoras de Salud es que busca fomentar verdaderos procesos de promoción de la salud en el ámbito escolar. En este sentido, una escuela promotora de salud es una institución educativa cuyos integrantes (personal docente, directivos, familias, escolares) han tomado la decisión explícita de trabajar juntos para mejorar las condiciones de salud y bienestar de la comunidad educativa. En esta escuela, el fomento de la salud ocupa un lugar importante en la agenda diaria de prioridades institucionales, así como en la cultura escolar.

La construcción de una Escuela Promotora de la Salud supone el desarrollo simultáneo y complementario de tres componentes principales: la creación y mantenimiento de ambientes (físicos y psicosociales) escolares saludables; las acciones de educación para la salud con enfoque integral; y la oferta de servicios de salud y alimentación sana a la población escolar.

En este marco, el modelo de Habilidades para la Vida ha mostrado su eficacia. ¿Qué y cuáles son estas habilidades?

En 1993, la División de Salud Mental de la OMS comenzó a divulgar una iniciativa para la educación en Habilidades para la Vida (HpV) en las escuelas. Se hacía referencia a un grupo de diez habilidades consideradas necesarias para el fortalecimiento de la competencia psicosocial: conocimiento de sí mismo; empatía; comunicación asertiva; relaciones interpersonales; toma de decisiones; solución de problemas y conflictos; pensamiento crítico; pensamiento creativo; manejo de emociones y sentimientos; y manejo de las tensiones y el estrés.

En los últimos años, distintas agencias de cooperación internacional, ONG y organismos oficiales se han interesado en la educación en HpV, y han comenzado a incluirla en sus propuestas. Agencias como UNICEF, UNESCO o el Banco Mundial utilizan el término “skills-based health education” para referirse al tipo de educación para la salud que incluye la enseñanza de estas destrezas.

¿Cuál es la clave de este modelo que permite su uso ante situaciones tan diversas como el consumo de drogas, la violencia o la educación afectivo-sexual?

En primer lugar, la naturaleza genérica de las diez habilidades, en el sentido de que una misma destreza tiene aplicación y utilidad en diversas situaciones psicosociales. Si, por ejemplo, un joven aprende a comunicarse asertivamente, esa habilidad puede resultarle muy útil en situaciones relacionadas con su vida sexual, el manejo de la presión de los amigos para fumar, o hacer frente a situaciones de violencia.

Por otra parte, sin desconocer la importancia de los contextos socioculturales, estas diez habilidades son potencialmente relevantes para un niño o una joven en cualquier parte del planeta. Todos los niños de los países industrializados o de los menos desarrollados deben, por ejemplo, tomar decisiones a diario, aprender a resolver problemas o manejar sus propias emociones.

Otro elemento que explica la efectividad del modelo en una gama tan amplia de problemas psicosociales es la existencia de factores de riesgo, protectores o de resiliencia comunes a las diversas situaciones. La educación para la salud con enfoque integral requiere abordar la educación en valores y actitudes, así como las habilidades necesarias para tomar decisiones y vivir una vida saludable. Las HpV constituyen una especie de “puente” entre lo que sabemos (información, conocimiento), lo que pensamos, sentimos o creemos (actitudes, valores) y lo que finalmente hacemos y cómo lo hacemos.

¿Qué papel debe jugar un educador para favorecer el entrenamiento de sus estudiantes en Habilidades para la Vida?

En este modelo el docente se convierte en un facilitador del proceso. Si bien es cierto que dichas habilidades no sólo pueden aprenderse en el aula, los cambios y características de la sociedad contemporánea han aumentado la importancia de los procesos escolares educativos estructurados y controlados en el desarrollo y fortalecimiento de las HpV, especialmente en el caso de los niños, las niñas y los jóvenes que provienen de hogares con menos oportunidades socioeconómicas y culturales.

El maestro o la maestra, en su papel facilitador de la educación en HpV, debe crear dentro del aula un clima de confianza, respeto y “seguridad” que garantice que los escolares puedan expresarse con libertad sobre temas tan personales e íntimos como sus emociones y sentimientos. Esta atmósfera “segura y controlada” es indispensable para que niños y niñas se aventuren a compartir sus experiencias y vivencias, y a poner en práctica formas novedosas de relacionarse y manejar distintas situaciones.

Resolver problemas, pensar de manera crítica, conocerse a sí mismo o ser empático, son habilidades psicosociales que no pueden aprenderse mediante los métodos tradicionales de “tiza y pizarra”, por lo que el facilitador de los procesos de educación en HpV necesita estar familiarizado no sólo con los aspectos teóricos y conceptuales del enfoque, sino con un repertorio amplio de métodos y técnicas interactivas y participativas.

 

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